26 ene. 2015

Un telescopio con poderes de máquina del tiempo

¿Sabéis cuando en una película de golpe alguien toca algo o ve algo y tiene un flash? Esas escenas increíbles que piensas que sólo pasan en el cine… pues me ha pasado. 

Primero tengo que contaros que Estel pidió un telescopio a los Reyes. Le trajeron uno, que aunque era de juguete, parecía que estaba bastante bien. Y lo estaba, pero la lente tenía polvo dentro, así que fuimos a la tienda dónde los Reyes nos habían dicho que podíamos ir si había algún problema. No tenían otro, así que con Estel decidimos que lo devolveríamos y buscaríamos alguno de verdad de segunda mano. Tiene muchas ganas de mirar la luna y las estrellas, porque en una parte del proyecto de este curso estudiarán los planetas.  Y la cosa quedó aquí.

El fin de semana pasado teníamos comida familiar. Estábamos comentando los Reyes y salió el tema. Mi hermano ni siquiera sabía que Estel había pedido un telescopio. Cuando lo oyó, me propuso que me llevara el que tiene en su casa. Era de nuestro padre, a quién le encantaba mirar las estrellas. Él lo guardaba, y lo tenía en el despacho porque no quería dejarlo en una caja. Las niñas lo habían visto y sabían que era del “avi” (abuelo), a quién no han conocido. Ese mismo día fuimos a buscarlo.

Y entonces pasó. El flash. Mi hermano lo tenía allí montado. Y me dio las ópticas para que las guardara. Y las toqué. Las tenía en mi mano. El telescopio de mi padre. Con él pasé horas y horas mirando la Luna y Saturno. Noches en las que me decía que tenía que estudiar mucho si quería ser astronauta y trabajar en la NASA. Yo era pequeña y cogía las lentes (las que ahora estaban en mi mano) y él me decía que tuviera cuidado, que era delicado.


Mi padre murió hace casi 8 años. Des de entonces sólo lo podía recordar en el hospital. Era como si todos mis recuerdos de él estuvieran bloqueados. Pero esas ópticas han hecho que volviera a ser pequeña, con mi padre al lado, y en el balcón que teníamos en casa, me pasara noches y noches soñando con ser astronauta. Ahora, las niñas, esas pequeñajas que lo habrían vuelto loco, serán las que aprenderán a amar las estrellas con SU telescopio. Y yo he recuperado algo que no tiene precio. 

20 ene. 2015

I de Invierno (De la A a la Z)

La foto fue tomada en Francia, este pasado mes de diciembre

Los copos de nieve me caen sobre los ojos,
mientras el sol se convierte en un extraño faro.
En la inmensidad blanca,
sólo escucho las risas de las niñas...
y noto el frío, intenso, en los dedos.

Me apasiona la fotografía. Desde que tengo 10 años, cuando llegó a mis manos mi primera Reflex (mi querida Minolta X-300). En cada viaje, en cada instante, he intentado captar momentos únicos o bellezas que no quería olvidar. Y des de hace seis años, con el nacimiento de las mellizas, trozos de vida impagables. De los carretes y el laboratorio en casa, hemos pasado al digital y a disparar sin preocuparnos. De los trucos de la ampliadora, a los retoques de ordenador.

Por esto me encanta este proyecto. De la A a la Z es un proyecto fotográfico, creado por Miss Lavanda en el que cada mes se prepara una entrada con una foto cuyo motivo principal empiece por la letra del abecedario que corresponde. Puede ser tanto el objeto principal, como el color, lo que transmite o lo que nos hace sentir.

Las otras letras:

13 ene. 2015

Un intento de reflexión sobre cómo explicar la barbarie a los niños



En casa devoramos información y telediarios. Yo por profesión. Mi marido va siempre enganchado a la radio. Desde siempre, las noticias son programa de referencia. La mayoría de días las peques ya están en la cama, pero sí que hay ocasiones que las ven con nosotros. La mayoría de días aprenden muchas cosas y se fijan en detalles que a mí me pasan inadvertidos. Otros, me planteo cómo cambio de canal. 

La semana pasada le di muchas vueltas al tema, obviamente por lo que pasó en París. Y fui muy consciente que cuando las niñas ven alguna imagen de guerra o soldados en televisión, lo primero que me preguntan es si están muy lejos. ‘Muy lejos’ es su seguridad, es pensar que no les afecta y que no tiene que ver con su mundo a diario. Pero la semana pasada, ‘muy lejos’ no funcionó. ‘París’ es una referencia cercana.  No sé hasta qué punto cercana, pero su preocupación en la pregunta ‘Mamá qué ha pasado’ era más latente. Lo primero que preguntaron es si era cerca de casa de Steph (la pareja de mi sobrina, ellas tienen claro que él es de París, y de aquí su referencia ‘cercana’). Esta vez tenían claro que lo que había pasado, lo que fuera y que no entendían, no había pasado muy lejos.

¿Cómo explicamos estas cosas a los niños? Estos últimos días he leído muchos debates sobre si era bueno/adecuado/pertinente que vieran estas informaciones. Sobre si debían verlas o aislarlos. No tengo claro sobre qué es lo más adecuado. Ellas lo vieron, y creo que es nuestro trabajo, como padres, contextualizar y explicar algunas realidades que tenemos en el mundo, ya sean “cerca” o “lejos”. Pero a veces, se hace realmente complicado. Está claro que las noticias les acaban llegando, ya sea vía amigos, escuela o familia. Y es normal que intenten entender qué pasa y por qué. Sólo que a veces, el qué pasa es más lineal de explicar que el por qué. ¿Cómo podemos explicar la barbarie a los niños si muchas veces ni nosotros mismos sabemos cómo digerirla?

El peligro de la realidad “cinematográfica”

He tardado una semana en digerir lo que vimos por televisión la semana pasada. El día del ataque a Charlie Hebdo, y sobretodo, el siguiente. Soy periodista, y el segundo día era una actualización constante de las informaciones que llegaban des de Francia. Pero había un peligro real y cada vez más presente: nadie seguía ni agencias, ni comunicados ni versiones oficiales. Lo teníamos en directo en televisión.  Se hablaba de rehenes en la imprenta y el ministerio del Interior francés salía a desmentirlo. Todo eran informaciones contradictorias. Hasta muchas horas más tarde no supimos que había alguien escondido dentro pasando información. Quizá sin saberlo lo estábamos delatando. No se había ni confirmado lo del supermercado en París que ya había cámaras en directo filmando todos los movimientos de la policía. ¿Había equipos de cámaras repartidos por toda la capital? Y yo, que buscaba la información por todos los canales, por un momento tuve miedo. Tuve miedo de ver cómo se estaba convirtiendo en una película de acción. Tuve la misma sensación que el 11S y el 11M. Sólo que ésta película, como aquellas, no era de ficción. 

12 ene. 2015

De angelitos y ratones


No hay nada que haya fascinado tanto a las gemelas como los primeros dientes que han caído. Ona fue la primera, dos en verano. Estel tuvo que esperar, ansiosa y con celos, hasta octubre. Estaba emocionada y asustada. Su hermana, con aire de suficiencia y con esa actitud de "yo ya sé de qué va todo esto", le decía que no se preocupara, que no le haría ningún daño. Y que luego, por la noche, poniendo el diente debajo de la almohada, vendría un angelito a dejarle un regalo. Ya estuvo liada, y empezó la discusión.

"A mí no me vendrá un angelito, vendrá un ratón".
"Pues a mí me vino un angelito".
"¡Es un ratón que se llama Pérez, me lo ha dicho Laia!"

Los dientes de leche se ponen debajo de la almohada y a la  mañana siguiente desaparecen. Por lo que leo, el angelito de los dientes es un mito popular catalán destinado a tranquilizar los niños. Una tradición que se hace en muchos otros países. Es de hecho una tradición prácticamente universal. En España y en los países latinoamericanos, está el Ratoncito Pérez. En Francia, también es un ratoncito (la petite souris) y en los países anglosajones, la Tooth Fairy (el hada de los dientes). Busco esta información, les explico y ellas mismas cierran fácilmente la discusión:

"Da igual si es un ratón o un angelito. ¿Verdad que igualmente te deja un regalito, mamá? "

8 ene. 2015

¡Os presentamos a... "Mamá Orquestra"!


Mis últimas 72 horas. En las últimas 72 horas he sido profesora de flauta y de guitarra (sin tener ni idea – bueno, de flauta un poquito), y por encima de todo, he sido entusiasta público de 23 conciertos… “únicos e inclasificables”. He sido constructora de autocaravanas (aunque sean de Lego, la ilusión de tener una autocaravana no me la quita nadie. De hecho, ya teníamos una de Pin y Pon, o sea que el parque móvil aumenta). Me he dedicado también a ser tatuadora profesional (con rotulador y con purpurina, unos tattoos que obviamente, con purpurina son lo más de lo más); hemos incrementado la familia con tres peces y he vuelto a ser experta jugadora de parchís. Hemos empezado a ser astrónomos con el nuevo telescopio, y me he vuelto loca buscando tutoriales en Internet para una tejedora (no sé ni por dónde empezar).  He sido domadora de dragones y caballero que vuela encima del lomo del dragón. Y me han hecho investigar toda la cantidad de cosas que se pueden decorar con celos con dibujitos. Ah sí, y he sido cantante de Sing Star. Y también, mediadora. "Lo has pedido tú, pero me dejaras jugar un rato?". "¡Mamá, dice que no me lo va a dejar!". "Sí que te lo dejaré, pero después". 

Estoy agotada. Los Reyes nos han convertido en “mamá y papá orquestra”. Creo que hemos jugado con TODO. ¡Y la cantidad de cosas que nos quedan por aprender!


¿También os habéis sentido “mamá y papá orquestra” estos días?